Según consta en mi “Joyel del Bebé”, mis primeros juguetes favoritos fueron lápices, papeles y libros. Podría decirse que lo siguen siendo. Junto con la ropa y la fotografía.
Elementos, estos últimos, pertinentes a la actuación.
Así como me gusta decir que yo no soy una actriz, sino una mujer que trabaja comoactriz, así también tengo la certeza de que la mujer que escribe, (sobre lo que sea, sociedad, sexo, cultura, política, teatro o ficción), siempre es la actriz. Creo que esa mirada mía es la que observa lo que quiere escribir, porque esa mirada es siempre lectura, recreación y reescritura de una situación, ya sea ésta personal o colectiva.
Llegué a la hoy legendaria revista Humor en el año 1981 y empecé entonces a escribir como actividad casi cotidiana hasta hoy. Versionar teatro no es lo mismo que una columna sobre sexo ni una nota acerca del psicoanálisis o el cipayismo en nuestra cultura. Pero escribir constituye ineludiblemente, para mí, una exploración solitaria, unas veces dolorosa de tanto vacío, y otras lujuriosa de tanto arrebato, pero comparable a nada.
Quizá solamente sea comparable a la aventura de leer. Si quien está leyendo esto acostumbra a disfrutar de la lectura, sabe de qué estoy hablando cuando escribo esto que lee.
(…)Allí está el libro que aún conservo, una edición en rústica de 1939 de Editorial Tor, que se titula Defensa de Lady Chatterley, de un señor D. H. Lawrence, que leo a escondidas y llena de interrogantes, (y que me lleva, dos o tres años después, a comprar una edición usada de El amante de Lady Chatterley, una de las primeras lecturas furtivas de mi vida, enteramente disfrutable, extraña y conmovedora).
Y aún trepada a la silla, encuentro al lado de ese volumen, pero de la Editorial Claridad, (vaya con el nombre), un libro de un tal Sigmund Freud (con frases enteras subrayadas en lápiz rojo), que espío, ladrona, porque se me asoma pecaminoso, y me absorbe y no lo comprendo. Un libro que me trae una palabra nueva. Y es la palabra histeria.
O sea que las primeras cosas que me llegan en la vida son el sexo, el teatro y la poesía. Y después viene Freud.
Porque el mundo es un lugar muy triste. (…)
de Nota para Saberes y Opiniones, de Editorial Paidos, a los 150 años del nacimiento de Sigmund Freud